11 feb 2009

DE MEXICO Y SUS ENCANTOS…VIAJANDO EN ENERO…y aún hay más….

Pues sí…aún hay más…y es que un mes viajando da para mucho, incluso en un país tan grande y con tantas cosas como México….al grano pues!! Después de la decepcionante Veracruz y que nuestras cuentas bancarias ardían, decidimos saltarnos el estado de Tabasco, donde deberíamos haber visitado una reserva natural…pero bueno, no me arrepiento porque decidimos dedicarle ese tiempo al estado de Chiapas, y creedme que valió la pena. Así pues desde Veracruz viajamos directamente a San Cristóbal de las Casas, que pese a no ser la capital del estado (Tuxtla) sí es la capital del turismo del estado. Por esta preciosa ciudad, hiperturística y con un ambiente tremendo en sus calles nos quedamos durante tres días, en los que hicimos un poco de todo, y es que tanto en la ciudad como en sus alrededores hay muchísimo que ver. De primeras, casi nada más llegar, nos fuimos a una excursión en lancha por el Cañón del Sumidero, que realmente prometía más de lo que fue, pero bueno, fue una buena manera de empezar. En esa misma excursión visitamos un pueblito donde había fiestas y pudimos ver sus ropas tradicionales y lo particular de sus celebraciones. Las noches se las dedicábamos a la ciudad, ya que como decía el ambiente es tremendo, con muchísimos bares con música en directo y llenos hasta la bandera. El resto de días fuimos a San Juan Chamula, capital de la civilización indígena en Chiapas, donde casualmente también eran las fiestas patronales. Allí no se podían hacer fotos ya que son muy respetuosos en cómo viven sus fiestas y su religión, y nunca se sabe en qué problemas se podría meter uno. La verdad que cuando entramos a la iglesia, …choque cultural…., me impresiono muchísimo la decoración interior de la iglesia y como la gente le rezaba a sus santos y realizaba sus ofrendas. Para que os hagáis una idea, desde el centro del techo colgaban telas de colores hasta las paredes laterales y el suelo estaba cubierto de agujas de pino, luego…las humildes figuras de los santos, una tras otra y a un mismo nivel, junto a las paredes laterales y por el centro, y todo lleno de flores….todo esto sin bancos donde sentarse, ya que en el espacio restante estaba la gente arrodillada colocando sus ofrendas (velas, flores y refrescos). No sé si podréis haceros una imagen, pero esa visión, con sus olores y el susurrar de las oraciones…increíble. En la ciudad me gusto mucho el centro, animado como ya he dicho, el mercado de artesanías y el museo Na-Bolom, sobre la cultura de los Lacandones, última tribu descubierta en México, a principios de siglo XX. Después de San Cristóbal nos dirigimos hacia Palenque, por la carretera más tortuosa que recuerdo, de verdad hacía mucho tiempo que no me mareaba y si no vomite fue más por vergüenza que por falta de ganas, y así andábamos todos. Pero el sufrimiento valió la pena, nos quedamos a dormir en El Panchán, a las afueras de la ciudad, que no tiene nada de especial, pero que le da nombre a unas de las ruinas Mayas más importantes de México, junto a Chichén-Itzá. Así pues, nos apuntamos a una excursión de un día completo, que nos llevaba a las ruinas de Palenque a la cascada de Misol-Ha y a las cascadas de Aguazul. Por partes, las ruinas nos encantaron, muy bien conservadas en un paraje sobrecogedor, rodeado por la selva y donde se pueden escuchar a los monos aulladores, la cascada de Misol-Ha, muy bonita y donde Fausto sí se dio un baño…yo me estaba reservando ;) y las Cascadas de Aguazul….simplemente preciosas, una serie de cascadas no demasiado altas que van conformando zonas de baño a modo de piscinas naturales, son su limpísimo fondo de blancas piedrecitas, de verdad que lo disfrute. Una vez en Palenque, sabíamos que todo lo que seguía de viaje era pegado a la frontera con Guatemala, y zona del Ejército de Liberación Nacional Zapatista por lo que lo mejor era siempre viajar de día…jejeje…pero eso no nos quito las ganas de ver cosas! Con esas, dejamos Palenque dirección a Frontera Corozal, donde tomaríamos una lancha por el rio que hace de frontera entre los dos países, que nos llevase a las ruinas de Yaxichtlan, para una vez regresáramos, ir a dormir a Lacanjá, un pueblo de Lacandones. Pues así lo pensamos, y así salió!!! Y con premio, porque antes de coger la lancha conocimos a dos francesas de la isla caribeña de Guadalupe con las que haríamos el resto del viaje en el estado de Chiapas. Bueno que las ruinas de Yaxichtlán también resultaron bien bonitas, quizás más que por las ruinas, no tan bien conservadas, por el entorno natural en el que se encuentran y por el que anduvimos, ya que para ir de una zona a otra de las ruinas teníamos que atravesar partes de selva, donde pudimos ver monos araña, aulladores y otros tantos animales varios. En Lacanjá encontramos un buen lugar para dormir, ubicado cerca de un rio y barato; desde ahí partiríamos la mañana siguiente en una excursión de cinco horas por la selva, en la que no nos acompañaron Fausto y María, con un buen gripazo. Pero a la que sí vinieron dos chilenos, hermanos gemelos, y David un francés, que habíamos conocido la noche antes, y con los que pasamos muy buenos ratos. La excursión por la selva me encanto, nuestro guía “Pancho”, muy atento nos explico, en su particular español, cada detalle sobre la fauna y vegetación de la selva y para que se usaban por la medicina natural lacandona, también visitamos unas ruinas aún por explorar y nos pudimos dar un baño en un rio, solo rodeados de árboles gigantes. Nuestro próximo punto de interés se encontraba en el pueblo conocido como “Reforma Agraria”, aun en la carretera fronteriza. Donde hay un centro de conservación de la guacamaya roja, a la que queríamos visitar. La verdad que tuvimos suerte ya que llegamos a principios de la época de cría y sí pudimos ver varias parejas de Guacamayas, incluso una nos deleito con un vuelo sobre nuestras cabezas. Después de esto ya fuimos directos de nuevo a San Cristóbal de las Casas, previo paso por Comitan, ya que aunque queríamos ir a ver las Lagunas de Montebello, no pudo ser por el retraso acumulado de nuestro medio de transporte y a la lluvia que caía cuando pasábamos por allí, que hizo que termináramos de decidirnos. Así pues, de nuevo en San Cristóbal, donde nos despedimos de nuestras amigas francesitas, y tomamos rumbo esa misma noche para Oaxaca.

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